lunes, 22 de agosto de 2011

ELEGIR MAL


Elegir mal 20/08/11
Algunas mujeres repiten el modelo de sus padres y tienen dificultades para formar una pareja. El miedo al compromiso o a la soledad, como factores de riesgo.
Por Mónica Soraci
Hay tantas maneras de relacionarse como personas en el mundo. Lo mismo sucede en el amor. Muchos logran encontrar un amor sólido, pero hay otros que no pueden anclar en un puerto donde construir el amor que un ser humano necesita.
María Marta tiene 41 años, se divorció hace ocho y desde entonces se empeña en un derrotero que siempre la devuelve al mismo lugar. “No puedo encontrar un hombre para formar pareja -se queja-. Alguien con quien hacer proyectos, que me ame. No sé qué les pasa a los hombres”. El caso de María Marta no es aislado. Lo confirma el último Censo Nacional. “En el país hay más de cuatro millones de personas separadas, divorciadas o solteras que buscan conocer gente, enamorarse, formar pareja o divertirse”. Eso significa que el 10% de la población está en esa situación. ¿No hay hombres ni mujeres para enamorarse? ¿O se elige mal? La visión del médico psiquiatra Juan Carlos Volnovich es, al menos, polémica. “Las actuales investigaciones, que tienden a entrecruzar la problemática de género con el psicoanálisis, muestran que la mujer elige bien la primera vez, y a medida que crece tiene menos chances de escoger al hombre con la misma libertad. Con los varones, sucede a la inversa. Es probable que las primeras relaciones no estén bien escogidas pero va cambiando con los años. La mujer, después de los 35, tiene que resignarse con lo que hay en el mercado: conocer a alguien al que no le vaya tan bien el trabajo, divorciado con hijos y una ex con la que tal vez no se lleve bien”.
Más allá de estudios que dejan a la mujer en desventaja pasados los 40, a la hora de encontrar el amor, existen cuestiones profundas, insoslayables e inconscientes que limitan y dejan afuera la posibilidad de encontrar un compañero para establecer una relación saludable.
En la infancia se construyen las bases de lo que será la vida adulta. “Donde se establecen las primeras relaciones, que pudieron haber sido conflictivas o traumáticas. Con hogares disfuncionales, con agresión, maltrato, infidelidad, situaciones familiares donde se ha generado baja autoestima, poca valoración y confianza -dice la doctora Laura Orsi, medica, psicoanalista, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA)-. De allí surgen los miedos a sufrir, a ser abandonada, a depender, a quedarse sola”. Para Ana Delgado, psicoanalista y miembro de APA, “las relaciones están comandadas y motivadas por nuestros vínculos primarios, donde se moldea la personalidad, la forma de conectarnos con el otro” y nos proyecta en otras relaciones, como la de pareja.
Es frecuente escuchar la frase “repetir el modelo” y de eso parece tratarse el tema de elegir mal, equivocarse y terminar sufriendo. “Se elige mal cuando una relación trae sufrimiento -dice Mónica Cruppi, psicoanalista, miembro de APA-. Hay personas que repiten modelos y en esa repetición puede estar el amor no correspondido, violencia, maltrato psicológico y físico, el modelo materno-paterno. Lo que se está repitiendo son situaciones familiares antiguas”. Los modelos de crianza tienen mucho que ver, dice Volnovich. Sobre todo por el avance de la mujer que no fue acompañado por el varón. La incorporación al trabajo y la anticoncepción, le dieron mayor independencia y autonomía mientras que los varones siguen acotados a los roles tradicionales. En otras palabras: fuera de época.
Carina R. tiene 43 años, se divorció hace seis y se vincula con hombres que terminan cortándole el teléfono. El resultado: frustración y llanto. “Cuando desaparecen, siento que no merezco que me quieran, es horrible esa sensación. Lo busco para que me dé alguna explicación, hasta me obsesiono. Después, me repongo, empiezo otra relación y al tiempo, sucede lo mismo: se borra”. Carina entra, sin querer, en un círculo vicioso con los mismos resultados. “La mujer que se obsesiona con alguien que la ignora, para ella ese hombre tiene un atributo. Esa condición funciona como un atractivo que me hace sospechar de hasta dónde quiere una pareja -se pregunta Volnovich-. Porque si siempre se engancha con tipos que no están disponibles para un vínculo, es porque ella no se atreve a asumir su intención de no tener pareja. Y la proyecta en la elección del hombre que, inconscientemente, le es funcional”. Según los especialistas, las mujeres que se vinculan con hombres casados están evitando conocer un hombre para formar pareja. Buscan a alguien “imposible” para librarse de situaciones que dejaron heridas que todavía duelen. “Hay personas a las que les ha costado tanto reconstruirse de una infancia dolorosa que eligen historias light, porque asocian amor con dolor -asegura Cruppi-. Son como la historia del puercoespín: mucho acercamiento lastima, pero poco enfría”. Los casados se acercan, pero no mucho. Según Cruppi, “la que se enamora de un hombre casado reedita la situación triangular con los padres. Es un Edipo mal resuelto”.
El padre es el gran referente de la vida, para bien y para mal. Las mujeres tienden a elegir un hombre que se le parezca, o todo lo contrario. “Cuando la relación con el padre fue intensa, idealizada, se piensa que no habrá nadie como él -explica Delgado-. Y probablemente elija varones muy devaluados ante ella que no puedan hacerle sombra al padre. En las relaciones no logradas se juegan cosas que siempre están presentes: el deseo de mantener el ideal del papá y el castigo autoimpuesto porque con ese padre no se puede tener una relación de pareja”.
El miedo a sufrir es otra de las formas que lleva a elegir el hombre equivocado. “El pensamiento es ‘si fracasé con éste, voy a fracasar con todos’. Es posible que pase, pero no porque todos los hombres sean malos, sino porque ella es la que repite los mismos errores con otros -evalúa Delgado-. Y tiene miedo de poner en juego lo que la hace fracasar. Puede que evitar formar una pareja sea la forma de evitar lo que imagina un sufrimiento peor”.
El temor a la soledad es decisivo. “Muchas veces, por no sentirse sola la mujer se vincula con el primero que se le cruza. La soledad remite a angustias tan primordiales que lo que ella siente es que se desintegra. Una persona así se enamora del primero que aparece para calmar la angustia. Pero la angustia del fracaso suele ser mucho peor”, analiza Cruppi. También es frecuente encontrar mujeres que confunden enamoramiento con amor. “Es común que las mujeres agreguen colores a las relaciones, pero cuando termina el enamoramiento, que dura unos meses, el príncipe se convierte en sapo”, dice Orsi. Y Delgado agrega: “Para poder elegir bien, esa mujer debe haber sido amada y deseada como hija por su padre”.
En la infancia se asientan las bases. De adultos la relación de pareja es la que permite salir del “encierro endogámico” de la vida familiar, dice Delgado, para crear una nueva. Que pueda alejarnos de la familia para construir una que tenga más que ver con los deseos propios. No es fácil renunciar a lo conocido, aunque se sufra. Pero es un desafío que vale la pena.http://www.clarin.com/mujer/Elegir-mal_0_539346121.html

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