miércoles, 21 de octubre de 2009

La Envidia: un sentimiento humano


La Envidia: un sentimiento humano.

Envidia significa, según el diccionario, tristeza o pesar por el bien ajeno. Emulación , deseo honesto.

Sin, embargo, basta recorrer la bibliografía existente, como las meras opiniones, para comprobar que referirnos a la envidia, ya nos introduce sin más, en un mundo que mueve a desagrado, en el que la segunda parte de la definición, emulación, deseo honesto, está ausente.

No nos place a los humanos advertir su presencia, genera un miedo ancestral a un ataque indefinido, para el que parecemos inermes, y al que se le atribuyen poderes diabólicos.

Para contrarrestarlo, se han inventado amuletos, el uso del color rojo, el ajo, etc; prácticas que delatan en sí mismas la inasible fuerza atribuida a la envidia y por ende, la absoluta indefensión del sujeto que se siente envidiado.

Su presencia en la lista de los pecados capitales nos advierte de la gravedad que se le adjudica.

Hasta el odio, los celos, o incluso el asesinato, parecen tener, en algunas circunstancias, cierto tipo de justificación ante la sociedad.

El odio ha sido plenamente aceptado en algunas ideologías como el nazismo, (mas allá de su condena posterior), como una reacción natural de una raza , a afrentas sufridas por culpa de otra; el matar en defensa propia tiene una lectura legal que exime a su autores de castigo. Asimismo, el odio es esgrimido a veces con orgullo en diálogos cotidianos, como expresión de un legítimo derecho .

Nada parecido conozco respecto de la envidia; sin embargo forma parte de nuestra vida desde sus inicios individuales, sociales y todas las religiones, dieron cuenta de ella aún en sus mitos de origen.

En efecto, denominada como celos, con los cuales a menudo se la suele confundir, forma parte del primer drama fratricida de la tradición judeo-cristiana. Caín está celoso de Abel y lo asesina, asentando para siempre el precedente de que la envidia y los celos en el alma humana, conducen a un desenlace fatal, que no respeta ni los lazos de sangre, o tal vez los prefiera.

El psicoanálisis se ocupó de ella, y en las dos conceptualizaciones conocidas, nada logró absolverla.

Freud, se refirió a la envidia en gran parte de su obra, vinculándola al origen de las normas, la justicia, la desigualdad social y hasta con la identificación, que nacería de la transformación de un impulso agresivo, en el que la envidia juega un papel preponderante. Luego la conceptualizaría como Envidia del pene , roca viva, más allá de la cual no veía curación posible.

Para Melanie Klein todo era más grave aún: la envidia es expresión directa de la pulsión de muerte, constitucional, endógena y está dirigida desde el nacimiento hacia el objeto dador por excelencia: la madre o más específicamente, su pecho. O sea, naceríamos con una dotación de mayor o menor envidia, presta a atacar lo bueno del mundo.

Sin embargo, no todos los autores acuerdan con esto y en los últimos años han aparecido versiones que nos hablan de otras facetas de la envidia, ya que en tanto sentimiento, puede estar presente en todos los seres humanos pero no conducir obligatoriamente a la destructividad de lo envidiado y su portador.

Lo cual nos lleva pensar que ha sido tratada, al decir de Santa María Fernández ( 1997), como los victorianos lo hacían con la sexualidad, es decir, siempre en versión maligna.

Esto ha llevado a una notable polarización en el mundo psicoanalítico: o todo es envidia destructiva e incurable, o ni se habla de ella, no existe, descuidando así un importante capital de la vida humana, ya que la envidia, tal como indica su definición, es un sentimiento de pesar por un bien ajeno (y no puede dejar de ser displacentero advertir lo deseado en otro y carecer de él ) que puede también transformarse en motor de la concreción de un deseo que la envidia denuncia. Difícilmente creceríamos, nos desarrollaríamos si no advirtiéramos por comparación, aquello que nos falta. Y esta es la parte de la definición menos estudiada. Isabel Usobiaga ( 2000) la consideraba un marcador del deseo, lo cual nos advierte de la importancia de prestar atención en la clínica cotidiana a este sentimiento enojoso, despojándonos de los prejuicios y el miedo con que se lo ha abordado y propender a su tratamiento , posible y necesario. Lic. Gladis Mabel Tripcevich Piovano APA/IPA
Extractado del Libro:“Envidia: ¿roca viva o un enigma ?

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